Fundación para la Libertad de Prensa - FLIP

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Miércoles, 07 October 2020 16:30

Tres años sin Efigenia Vásquez

Un 8 de octubre, hace tres años, un disparo en el pecho le quitó la vida a Maria Efigenia Vásquez, comunicadora de radio Renacer Kokonuko, en Puracé, Cauca. 

Efigenia, que también hacía parte del Consejo Regional del Cauca,  fue asesinada mientras cubría y participaba de una protesta junto a su comunidad por los derechos sobre un predio en Puracé. En medio de los enfrentamientos con el ESMAD resultó herida.

Para la Fiscalía, la muerte de Efigenia fue causada por un explosivo de metralla que pudo haber sido del ESMAD o de la comunidad indígena. En estos tres años la familia de la periodista aún no ha encontrado la verdad. 

Desde la FLIP esperamos que su caso no caiga en la impunidad. Gracias por recordar con nosotros.

En Granada, Meta, Arsenio Hoyos Lozano era el director de la emisora La Voz del Ariari. El 13 de septiembre de 1991, mientras el periodista se dirigía a las instalaciones del medio, un sicario lo asesinó. Su caso prescribió en 2011, sin que se conociera a los responsables del homicidio. 

 

Un líder cívico memorable

En 1980, Arsenio fue capitán del Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Granada pero, a causa del nombramiento que recibió como alcalde del municipio por dos años, tuvo que renunciar. Alfonso Castaño, amigo del periodista, recuerda la buena gestión de Arsenio, a pesar de que “esa fue la época en la que los alcaldes todavía se nombraban por decreto por parte del Gobernador”. 

El periodista fue reconocido en la comunidad granadina por su liderazgo y activismo político con él que ayudó a resolver los problemas de los y las habitantes del municipio.  

 

La Voz del Ariari

Tras finalizar su mandato, Arsenio se dedicó al ejercicio periodístico y dirigió la emisora La Voz del Ariari. Allí cada mañana presentaba el Noticiero del Ariari, un magacín en el que estuvo acompañado por el redactor deportivo Mario Fernando Ramírez. 

De acuerdo con su colega, Ernesto Martínez Manrique, “el manejo de información política dentro del noticiero le dio reconocimiento en la comunidad, pues destacaba los aspectos relevantes de candidatos y seguidores de los diferentes partidos y movimientos de la época en Granada”. 

Además, según Martínez, Arsenio era amante de los encuentros entre comunicadores y líderes comunales, pues “para él la radio era un espacio importante para acercarse a las comunidades, sobre todo para la búsqueda de solución a las necesidades de cada localidad”. 

Arsenio es recordado como un periodista imparcial, comprometido con su deber de informar a la región. “Se limitaba a dar la noticia. De pronto daba voz a las campañas cívicas de esa época, pero fue muy transparente”, asegura su amigo Alfonso Castaño. 

 

Crimen impune

El viernes 13 de septiembre de 1991, un desconocido asesinó a Arsenio mientras iba a las instalaciones de la emisora La Voz del Ariari. Hasta ahora, se desconocen los motivos y  responsables del homicidio. Su caso prescribió en 2011, aún cuando la FLIP, IFEX (Red de Intercambio Internacional por la Libertad de Expresión) y la Sociedad Interamericana de Prensa exigieron a la Fiscalía adelantar investigaciones que sancionaran a los autores del crimen. 

En la FLIP, recordamos a Arsenio y a los y las periodistas que han sido silenciados y cuyos crímenes han quedado en la impunidad. 

 

Rodrigo Ahumada fue periodista y fundador de la emisora Radio Galeón y Galeón TV, programadora que lo convirtió en uno de los fundadores de Telecaribe. El 26 de septiembre de 1991 fue atacado. Recibió dos impactos de bala, que lo dejaron hospitalizado por doce días, hasta que finalmente murió en Santa Marta, Magdalena.

El hermano de Rodrigo, Antonio Ahumada, estaba con él el día del atentado, por lo que logró reconocer y denunciar a los autores materiales del homicidio. Sin embargo, él también fue asesinado.

En la FLIP no olvidamos la labor periodística de Rodrigo y reconocemos sus esfuerzos por mantener informada a la población samaria. Gracias por recordar con nosotros. 

 

Sábado, 10 October 2020 15:07

Una redacción atrincherada en la cocina

El asesinato de Martha Luz López y Miguel Soler fue el comienzo del fin de la redacción de El Espectador en Medellín. Hace 31 años el narcotráfico, en cabeza de Pablo Escobar, desarrollaba con fuerza su estrategia para acabar con ese diario. Tan solo un mes antes habían puesto una bomba en la oficina de Bogotá.

Martha Luz López y Miguel Soler se encargaban, respectivamente, de la publicidad y circulación de El Espectador en Antioquia. A pesar de no ser periodistas del diario, sufrieron la persecución del Cartel de Medellín. El simple hecho de que su trabajo aportaba a que el periódico fuera leído por al menos 5000 suscriptores, los hizo blanco de la venganza del narcotráfico. Su consigna era evitar que El Espectador siguiera circulando en Antioquia.

Martha Luz López fue la primera en ser asesinada, el 10 de octubre de 1989. Iba llegando a su casa cuando recibió disparos que acabaron instantáneamente con su vida. Carlos Mario Correa era reportero de El Espectador y tenía 24 años en ese entonces. Llevaba trabajando poco más de un año cuando los asesinatos ocurrieron. Recuerda a López como una persona muy enérgica, organizada y temperamental. “A ella le preocupaban nuestras horas de salida y que dejáramos la puerta principal abierta, porque a nosotros ya nos venían amenazando”, recuerda Correa. 

A pesar de las constantes amenazas, los 18 empleados que trabajaban para la oficina de El Espectador en Medellín nunca tuvieron ningún tipo de protección. “Nosotros mismos nos teníamos que proteger”, afirma Correa. Llegaron a trasladar la redacción hacia la cocina de la casa, pues en caso de una bomba creían que podían estar más a salvo en el interior de la estructura. 

Ninguno de los trabajadores de El Espectador en Medellín cedió ante las amenazas. “A mí lo que más me sorprendía era el silencio con el que se manejaba todo, en la redacción no se hablaba de las amenazas ni de nada”, comenta Correa. 

Una hora después de la muerte de López, sicarios asesinaron de forma similar a Miguel Soler. Tenía 46 años y cuatro hijos. Correa lo recuerda como un hombre de acento bogotano, gracioso y muy querido por las personas más humildes del periódico. 

Ese día, la oficina de El Espectador recibió dos llamadas por parte de “Los extraditables”, un grupo de narcotraficantes con orden de extradición a Estados Unidos y que buscaban por todos los medios derrumbar los tratados de extradición vigentes o por firmarse con ese país. Ellos se acreditaron los asesinatos y les dieron 48 horas a todos los empleados para dejar la ciudad.

La muerte de López y Soler fue un duro golpe para el diario. El día siguiente a su asesinato, El Espectador denunció que por falta de protección, el periodico no había podido circular normalmente en el departamento. 

Posteriormente las directivas de Bogotá dieron la orden de desalojar la sede de Medellín, para resguardar la vida de quienes trabajaban allí. “Nos dieron dos vacaciones seguidas mientras decidían si podíamos volver”, explica Correa. Finalmente, él sería el que meses después entregaría las llaves de la oficina, sacaría lo que había allí y lo enviaría a Bogotá.

En enero del 90, tan solo unos meses después de los asesinatos, llegaría el nuevo encargado de la circulación del diario a Medellín. Sin embargo, pocas semanas después, también sería asesinado. Un año después El Espectador abandonó la circulación en Medellín. Las oficinas cerraron y el equipo siguió trabajando en la clandestinidad. 

Desde la FLIP no queremos olvidar la persecución que tuvieron que sufrir los empleados de El Espectador. Sin importar si fueran o no periodistas, su trabajo se debía a la ciudadanía, a hacer valer el derecho de todos y todas a estar informados. 

Gracias por recordar con nosotros.

El 11 de abril de 2002 Walter López y Héctor Sandoval salieron a cubrir el ataque de las FARC a la Asamblea del Valle, en Cali. Walter conducía el vehículo en el que iba el resto del equipo periodístico, Héctor era el camarógrafo y los acompañaban la periodista Luz Stella Arroyave y el reportero gráfico Juan Bautista Díaz. El carro se internó por entre las montañas y los frondosos árboles. Seguían al helicóptero del Ejército que perseguía al grupo guerrillero. Los reporteros se bajaron del vehículo y vieron pasar la aeronave. Justo en ese momento escucharon una ráfaga de disparos que impactaron en su carro y en Walter, el conductor. No importaron los gritos que pedían que no dispararan más, lo siguieron haciendo. Héctor quedó herido y murió al siguiente día en un hospital en Cali.

Walter López

Walter López nació en Cali, Valle del Cauca un 3 de noviembre de 1964. Tras su muerte, dejó dos hijos y una esposa. Llevaba ocho años trabajando en RCN, pero solo seis meses siendo el conductor del canal. Gracias a su trabajo, llevó a sus compañeros a los lugares del país en donde se vivía con mayor intensidad el conflicto armado. No solo ayudó en el cubrimiento del secuestro de los diputados del Valle, también estuvo presente en una toma guerrillera en ese mismo departamento.

En entrevista con el Centro Nacional de Memoria Histórica, John López, hermano de Walter, cuenta que: “la partida de él, dejó un hueco tan inmenso que después de tantos años, no se ha podido superar”. Para John, Walter era una persona extrovertida, bromista y auténtica; le gustaba participar en partidos de fútbol y en caminatas que realizaba desde pequeño con su hermano en el barrio Mariano Ramos, en Cali.  

Héctor Sandoval

Héctor Hernando Sandoval Muñoz nació el 14 de febrero de 1975, también en Cali. Fue el menor entre cuatro hermanos y al momento de su asesinato estaba casado y tenía un hijo de cinco años. Héctor es recordado por sus familiares por su pasión por la fotografía; su trabajo como camarógrafo en RCN comenzó a mediados de los 2000.

Juan Diego Sandoval, hermano de Héctor, habló, para una entrevista con el Centro Nacional de Memoria Histórica, sobre el constante riesgo que vivía su hermano en su trabajo como periodista. “Un día llamó a mi mamá desde el hospital porque había tenido un accidente. Resulta que la Policía había destruido un laboratorio de coca y en medio de la explosión un culo de botella casi le vuela el ojo”, afirmó Juan Diego. 

La familia de Héctor siempre estuvo vinculada a los medios, pues Carlos Enrique Sandoval, padre de Héctor, fue jefe técnico de Caracol. Desde pequeños los hermanos Sandoval jugaban a filmar películas dentro de su casa.

Una vez Héctor fue contratado en RCN, realizó reportajes relacionados con el conflicto armado. Mostró en sus fotografías la liberación de los secuestrados de La María en 1999, en Cali, y la masacre del corregimiento de Barragán en el municipio de Tuluá en el 2000, en el departamento del Valle del Cauca.  

En Palmira, Valle su familia se enteró de que Héctor estaba herido a través de las noticias en la radio. Fredy acudió al hospital donde tenían a su hermano, pero cuando llegó, este ya había fallecido. Murió a la edad de 33 años. 

Por el asesinato de Héctor Sandoval y Walter López no se han sentenciado culpables. La Fiscalía remitió el caso a la Justicia Penal Militar, pues presuntamente los disparos fueron realizados desde el helicóptero del Ejército que intervino en el operativo. Sin embargo, el caso se archivó, pues no se pudo probar que los disparos provinieron de la aeronave militar. No obstante, el caso no se remitió nuevamente a la Fiscalía para que continuara con la investigación. 

En la FLIP, no olvidamos el compromiso de Walter López y Héctor Sandoval con el cubrimiento del conflicto armado en Colombia. Gracias por recordar con nosotros. 

 

Amparo Leonor Jiménez fue periodista de los noticieros televisivos QAP y En Vivo en Valledupar, Cesar. Allí, además coordinó un programa de reinserción de guerrilleros a la vida civil y apoyó la coordinación de la Red Nacional de Iniciativas por la Paz y Contra la Guerra.

El 11 de agosto de 1998, luego de llevar a su hijo al colegio, Amparo fue asesinada por Libardo Prado Bayona, un preso de la cárcel de Santa Marta que fue dejado en libertad por error. Libardo fue condenado a 37 años por el homicidio de la periodista. Hoy, veintitrés años después de su muerte, no hay respuestas sobre los autores intelectuales del crimen.  

Amparo fue la décima periodista asesinada en 1998 en Colombia y, en la FLIP, no olvidamos a los y las periodistas que, como ella, fueron silenciados por contar la verdad de lo que sucedía en sus territorios. Gracias por recordar con nosotros.

El periodista Víctor Acosta tenía 44 años cuando fue asesinado por un desconocido el 4 de mayo de 2002, cerca a su hogar en Yumbo, Valle del Cauca. Murió seis horas después de que un hombre le disparara. Víctor Acosta trabajó en estaciones de radio y medios de Yumbo, así como para la mesa directa del Pregón del Pacífico. También fue periodista en la cadena radial Todelar, El Occidente y El País de Cali. 

Julio Sánchez, periodista de Yumbo Estéreo, recuerda a Víctor como uno de los pocos periodistas críticos del municipio. En la década de los 2000, una época en la que muy pocos periodistas se dedicaban a la investigación, Víctor fue uno de los pioneros en esta área. Así, realizó su oficio a través de la crítica y la investigación de la corrupción del gobierno local.  “En Yumbo hay mucho comunicador social, pero muy pocas personas que generan verdadero periodismo (...) daba informes de lo que pasaba en Yumbo y hacía corresponsalía en unos medios del departamento”, afirma Julio.

Víctor ejerció el periodismo en un municipio en donde cualquier persona que alzara su voz corría peligro, “especialmente por las guerrillas, estaba en pleno apogeo todo lo del M-19 y aunque no estoy diciendo que estos fueron sus victimarios, era riesgoso hablar o investigar sobre grupos insurgentes”, cuenta el periodista Julio. 

¿Por qué no se habla de Víctor?

Debido a las problemáticas de interconexión y a las dificultades que se presentaban en la época, como el poco acceso a Internet, el trabajo de Víctor no ha perdurado lo suficiente en la memoria del país. En palabras de su colega Julio: “ya las nuevas generaciones no saben quién fue él. En la época, no había tecnología que pudiera conservar lo que él había escrito o hablado”. 

Pareciera que la investigación de la Fiscalía también olvidó el caso de Víctor. En julio de 2021, el ente investigativo le dijo a la FLIP que no había encontrado información relacionada con su asesinato. En su momento, los familiares hablaron de la posible relación del asesinato de Víctor con su investigación en torno a la corrupción. Veinte años después no existen respuestas sobre los autores del homicidio. “Él no era un referente, ni una persona importante en Yumbo. Esta es una investigación que deja a merced que en algún momento pueda pasar algo. Si a partir de allí, no hubo presión para realizar investigación porque no era una persona conocida, pasará como una cifra de tantas personas que fallecen y, en esa época, pues con mayor razón “, comenta Julio Sánchez. 

En la FLIP no olvidamos el trabajo periodístico de Víctor Omar Acosta y su labor para mantener al periodismo vivo en Yumbo. Gracias por recordar con nosotros. 




Jueves, 16 July 2020 09:45

Voces silenciadas un 16 de julio

Hoy, 16 de julio, conmemoramos los asesinatos de cuatro periodistas colombianos, todos los casos siguen en completa impunidad. Este año es el aniversario número 34 de la muerte de Roberto Camacho, el número 33 de la muerte de Fernando Bahamón, y no se ha siquiera señalado a ningún responsable por sus homicidios. Por otro lado, las investigaciones por los asesinatos de Eduardo Estrada y Denis Sánchez; desde 2001 y 2002, respectivamente, continúan en vilo. Sus familiares esperan respuestas. 

Luis Roberto 

Luis Roberto Camacho estaba con su esposa el día que fue baleado en el centro de Leticia. Sabía desde antes que su vida corría peligro, pues había denunciado en las páginas de El Espectador la presencia de narcotraficantes, como Evaristo Porras, en la zona. Además, como corresponsal en el Amazonas, Camacho evidenció el riesgo de fraccionamiento del departamento. A mediados de los 80, los involucrados en el negocio del narcotráfico pujaban por la implementación de una Amazonas federal, pues esto les ayudaría de alguna forma a llevar a cabo sus negocios, dijo uno de los hijos de Camacho en una columna escrita hace 10 años para El Espectador. 

El homicidio de Camacho fue el primero de una ola de asesinatos y violencia que cayó sobre el periódico El Espectador, de parte del cartel de Medellín.  A finales de 1986, el mismo año que mataron a Camacho, también fue asesinado el director del diario, Guillermo Cano.

Fernando 

Exactamente un año después, en 1987, Fernando Bahamón fue asesinado por pistoleros frente a la Gobernación de Caquetá en Florencia. Además de ser periodista para RCN radio, Noticiero 24h y El Espectador, se desempeñaba como Concejal de San Vicente del Caguán. Se cree que su asesinato hizo parte de la persecución del narcotráfico hacia El Espectador, pues Bahamón había denunciado la mafia de la producción de cocaína en el departamento. Según la Fiscalía, el caso aún sigue activo y Luis Ángel Parra Molina está siendo investigado. 

Eduardo

No han sido solo los periodistas afiliados a grandes medios las víctimas de la violencia en Colombia. Eduardo Estrada, asesinado hace 19 años, era un líder social que buscaba la creación de una emisora comunitaria. Todas las evidencias del caso apunta a que su asesinato fue responsabilidad de paramilitares, quienes insinuaban que Estrada podría ser facilitador de las FARC. Antes de que lo mataran, estaba gestionando  un diálogo entre el ELN y la sociedad civil en el departamento de Bolívar.

Con el asesinato de Estrada, el municipio de San Pablo, Bolívar, no solo perdió una voz periodística, sino a un líder que desarrolló un papel clave en diferentes proyectos. Por un lado, participó en el desarrollo del Plan de Ordenamiento Territorial del Municipio y en la gestión de recursos del ferri de la región. Por otro, creó la Asociación para el Desarrollo de la Comunicación y Cultura de San Pablo (Adecosan), un grupo que estaría asociado a la Red de Emisoras Comunitarias de la Costa Caribe. Después de la muerte de Eduardo, la comunidad se atemorizó y el proyecto de Adecosan decayó. 

Dennis Segundo

Hoy también recordamos a Dennis Segundo Sánchez. El caso de su homicidio cumple otro año en completa impunidad. Fue asesinado en su casa en el 2002 y, a diferencia de los anteriores casos, en este no ha habido ningún indicio que señale a algún grupo armado como responsable de su muerte. Dennis era locutor en la Radio 95.9 en el municipio del Carmen de Bolívar.

A diferencia de Luis, Fernando y Eduardo, este periodista nunca tocó temas políticos ni de conflicto. Su trabajo radial se centraba en un programa de la Secretaría de Salud, aunque sí se desempeñaba en el liderazgo social. Al momento de su muerte era el presidente de la Junta de Acción Comunal del barrio 12 de octubre de su municipio.

Las familias de estos cuatro periodistas siguen buscando respuestas. Pero no son las únicas víctimas. A las comunidades se les arrebató su derecho a estar informadas y a contar con voces dispuestas a denunciar la violencia y los conflictos económicos en sus regiones.






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