Fundación para la Libertad de Prensa - FLIP

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Óscar García Calderón fue un periodista taurino del diario El Espectador. Por más de 20 años se dedicó a transmitir, a través de sus letras, la emoción que le producían las faenas en la Plaza La Santamaría de Bogotá. Hoy, después de 23 años de su asesinato, recordamos su historia.

A sus 50 años, Óscar García era conocido como un hombre noble, cálido y obstinado en sus posturas. Los toros eran su tema predilecto por lo que sabía cómo añadir un toque de alegría a sus narraciones. Así fue como su pasión por lo taurino lo llevó a investigar los nexos entre el toreo y la mafia por lavado de dinero en las ferias taurinas y la cría de ganado.

Víctima del narcotráfico, Óscar fue asesinado la noche del 22 de febrero de 1998. Hacia las siete y media de la noche, tras acabar su columna, se despidió de sus compañeros y a la salida del periódico fue abordado por desconocidos que lo hicieron subir a un taxi. Hacia las 11 de la noche fue encontrado su cuerpo sin vida y con tres impactos de bala cerca de la Fiscalía General de la Nación.

Días más tarde se confirmó que el periodista estaba pidiendo ayuda a sus colegas para contactarse con el Fiscal General y mostrarle los hallazgos de sus investigaciones. Según el Comité para la Protección para Periodistas, Óscar pensaba consignarlos en un libro. 

Han pasado más de dos décadas desde el último adiós al periodista y pese a que muchos sectores, incluida la FLIP, se movilizaron para que el caso no quedase en la impunidad, el 22 de febrero de 2018, el caso prescribió sin que nadie fuera responsabilizado por el crimen. La justicia y el Estado no mostraron avances en las investigaciones más allá de descartar que se tratara de un atraco ya que los atacantes solo le quitaron las identificaciones al periodista, dejándole sus posesiones de valor como un reloj y un anillo. 

Desde la FLIP no olvidamos. Gracias por recordar con nosotros.

 

Oswaldo Regino Pérez fue asesinado el 11 de noviembre de 1988, tras denunciar las primeras masacres paramilitares en Córdoba. El periodistas abrió sus micrófonos a las comunidades más vulnerables del departamento. Iba de pueblo en pueblo, denunciando las precariedades a las que se enfrentaba la comunidad. Oswaldo trabajó en las emisoras La Voz de Montería y Radio Panzenú, y además fue corresponsal de El Universal de Cartagena y jefe de prensa de la Gobernación de Córdoba.

El martes 11 de octubre de 1988, en el corregimiento Los Pericos, zona rural de Montería, Córdoba, Oswaldo fue asesinado presuntamente por las Autodefensas Unidas de Colombia. Su caso prescribió en 2008 y hoy, 33 años después de su muerte, no hay condenas en contra de los responsables del crimen. 

En la FLIP, recordamos la trayectoria periodística de Oswaldo y recordamos sus esfuerzos por dar voz a las personas más vulnerables de su región. Gracias por recordar con nosotros.

 

En Magangué, Bolívar, los medios de comunicación estuvieron silenciados durante la administración del alcalde Jorge Luis Alfonso López. Esto cambió gracias al periodista Rafael Enrique Prins y a su medio Apocalipsis, que comenzó a realizar críticas sobre la Alcaldía. No obstante, esto terminó por costarle la vida: Rafael Enrique fue asesinado el 19 de febrero de 2005.

 

Al igual que varios ciudadanos de Magangué, Prins creía que su municipio podía tener un futuro distinto. Por ello, trabajó en la campaña de Jorge Luis Alfonso López, hijo de la conocida exempresaria Enilce López.

 

El documental “Homenaje a Rafael Enrique Prins” cuenta que meses después de las elecciones en las que Alfonso López salió victorioso, el periodista se percató de que los cambios que prometía este nunca se realizarían. Por eso, Prins decidió renunciar al Fondo Municipal de Tránsito, y emprendió con Apocalipsis, un medio independiente en donde comenzó a denunciar las problemáticas de la administración de Alfonso López. El medio, aunque solo era una hoja impresa de ambos lados, y que además se distribuía de forma clandestina, logró incomodar al entonces alcalde. “Las denuncias sobre cómo manejaron los recursos de la salud y quién se quedó con esos dineros fueron las que probablemente enojaron a Jorge Luis Alfonso”, cuenta Edison Lucio Torres, periodista y amigo de Prins desde la niñez. 

 

Cuando Alfonso López llegó a la Alcaldía, Magangué estuvo repleto de personas armadas. El temor y el silencio comenzaron a apoderarse de la población y los medios de comunicación se silenciaron frente a las sospechas de corrupción de la administración. Pero Apocalipsis fue la excepción.

 

El día de su asesinato, según un testigo anónimo, hombres desconocidos buscaron a Prins y lo hirieron con disparos cerca de las ocho de la noche, en el Parque de la Electricidad en Magangué. El periodista falleció en el Hospital San Juan de Dios cuatro horas después del ataque. 

 

Lucio Torres, colega de Prins, cuenta que luego de la muerte del periodista, desde 2005 al 2010, hubo una presión a nivel regional y nacional sobre la familia del alcalde Alfonso López, que desencadenó en la persecución y futura condena de los implicados en el asesinato de Prins. En palabras de Lucio Torres: “ellos se ganaron una enemistad con sectores importantes de la política. Estos sectores jugaron un papel determinante para llevar a los estrados judiciales a diferentes individuos de la misma familia”. 

 

En 2015, un juzgado de Bogotá condenó a Jorge Luis Alfonso López a 39 años de prisión. Posteriormente, en 2017, el Tribunal Superior de Bogotá rebajó su condena a 29 años. Pedro Vaca, exdirector de la FLIP y relator especial para la libertad de expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, afirmó que este fue el primer caso de una condena efectiva al autor intelectual del asesinato a un periodista en el país. Para Lucio Torres “la efectividad en la condena se dio porque hubo voluntad política de sectores políticos del país”. 

 

Desde la FLIP intentamos comunicarnos con tres personas cercanas a Prins. Sin embargo, todas decidieron no dar entrevistas, pues temen a las amenazas que esto podría conllevar. 

 

En la FLIP no olvidamos a Rafael Enrique Prins y su lucha por la libertad de expresión. Gracias por recordar con nosotros.

Lunes, 23 October 2017 10:26

Rodolfo Maya Aricape

Desde joven siempre tuvo presente que su labor en este mundo no era otra sino ayudar a su comunidad. Se inquietaba con las problemáticas que vivía su región y las denunciaba esperando encontrar eco en las autoridades. Esta es la historia de un periodista y comunicador indígena a quien el oficio le costó la vida.

Un pregonero cuyo caso vive en la impunidad

Rodolfo Maya Aricape no siempre fue periodista. Y es que en las comunidades indígenas, como a la que él pertenecía en Caloto, Cauca, convocan a una asamblea y así eligen a los comunicadores. Su rol tiene un periodo de duración entre dos y dos años y medio. 

El tiempo en el que él ejerció su labor como periodista fue muy complicado. Grupos como las FARC y los Paramilitares eran quienes tenían el control de la región. Cometían todo tipo de violaciones en contra de las comunidades y personajes como Maya Aricape les eran incómodos, así lo dice Harold Secué, quien conoció de cerca su labor y al día de hoy es integrante de la Asamblea General: “lo veían como un estorbo, porque en los momentos cuando el conflicto se agudizaba, él era el que apoyaba a la comunidad a decir "bueno, hagamos controles, llamemos a esta gente que nos quiere hacer daño". Lo veían como un estorbo porque era él quien controlaba su territorio”. 

Hacía reportes para Radio Payumat. Era un periodista indígena que cubría los temas más álgidos de la comunidad. Reconocido por su capacidad de denuncia y su cercanía con el pueblo. Además, era secretario del Cabildo de López Adentro. Transmitía sus ideas en lugares que convocaran mucha gente,como en las asambleas. Quienes lo conocieron cuenta que donde viera un micrófono hablaba sobre lo que le aquejaba y lo transmitía como el pregonero que era. 

Sonia Godoy, periodista de la región, asegura que “sus postulados giraban en torno a los pilares que tiene su organización indígena, que tienen que ver con la unidad y ese trabajo en conjunto con todas las organizaciones para avanzar en un proceso de resistencia pero que les garantice seguir existiendo. El tema de la tierra, la recuperación de la madre tierra”. Él era un hombre que velaba por el bien común, en el que todos los integrantes de la comunidad debían estar bien para hacer frente a lo que viniera por delante. 

La primera y única amenaza que se conoció hacia el periodista fue meses antes de su muerte. En un muro de las calles de Caloto, Cauca, apareció un graffiti que aseguraba que él era integrante de las FARC. En el mural también estaba escrito un número de contacto y ofrecía una recompensa de 20 millones de pesos. “Lástima que la guerra nos quitó a este compañero. Esa sangre de Rodolfo y la de muchos líderes en el Norte del Cauca y también a nivel nacional, es sangre que se ha regado en esta guerra. Es sangre que abonó la tierra. Como sabemos que es sangre que abonó la tierra y aunque nos haga falta esa persona, es algo que nos permite hoy mirar nuestro horizonte con mucha fuerza. Toda esta sangre regada en nuestro territorio no es en vano. Es sangre que nos tiene que permitir seguir fuertes, seguir trabajando por nuestra comunidad. Creemos en un mundo posible”, asegura Harold Secué.   

Tenía 34 años cuando apagaron su voz. El 14 de octubre de 2010, dos hombres asesinaron a Rodolfo Maya Aricape en frente de su casa. Su esposa y su hija fueron testigos del crimen. Quienes le dispararon venían en una moto, le propinaron unos disparos a quema ropa y emprendieron la huida. Era un personaje incómodo para los grupos ilegales de la época. Se presume que los autores de este crimen fueron los paramilitares. Sin embargo, todavía no hay nada escrito. Según el último reporte que tiene la FLIP, este caso pasó a la Fiscalía 4 de Popayán y se encuentra en etapa de investigación. Esto implica que nadie ha sido imputado por estos hechos. Por ahora, la impunidad es la única respuesta del Estado colombiano.  

El 14 de octubre de 2010, el comunicador y líder indígena Rodolfo Maya Aricape fue asesinado en Caloto, Cauca. Rodolfo era periodista de Radio Payumat, secretario del Cabildo Indígena de López Adentro e integrante de la Escuela del Tejido de Comunicaciones NASA ACIN.

 

Un periodista que rechazó la presencia de grupos armados en la región

Rodolfo era el penúltimo de los siete hijos de la familia Maya Aricape. A sus 12 años, dejó el municipio de Caldono, Cauca y, en compañía de dos de sus hermanas mayores, viajó a Bogotá para finalizar sus estudios de bachillerato. En la capital, trabajó como ayudante en una ensambladora de automóviles y en una carpintería. Sin embargo, tras 10 años lejos de su comunidad, regresó a Cauca para apoyar el proceso de organización indígena de su región.

Al volver a Cauca, Rodolfo integró el movimiento juvenil Álvaro Ulcué Chocué, una colectividad que buscaba posicionar a los jóvenes Nasa dentro de la esfera política en el municipio de Corinto, Cauca. Años más tarde, Rodolfo ingresó a la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca (ACIN) como secretario del Cabildo Indígena del resguardo de López Adentro. A la vez,  se desempeñó como coordinador de la Escuela del Tejido de Comunicaciones y comunicador en Radio Payumat.

El liderazgo y compromiso con el que asumió la tarea de informar a la población, lo convirtió en un periodista reconocido dentro de la comunidad indígena Nasa. “Siempre estaba con su cámara capturando momentos en familia, tomando fotos y grabando en eventos y marchas. Una de sus motivaciones fue el apoyo de la comunidad frente a sus procesos de comunicación”, recuerda su hija, Xiomara Maya.

Desde 2009, Rodolfo estuvo liderando las comunicaciones del pueblo Nasa. Sus notas informativas y reportajes denunciaban la presencia de grupos armados en los territorios, el reclutamiento de jóvenes y la amenaza a líderes indígenas. “Era muy espontáneo al hablar, identificándose con el proceso de la comunidad. Por eso Rodolfo empezó a denunciar los atropellos del mismo gobierno y de los actores armados legales e ilegales que se disputaban el territorio”, señala su hermano, Diego Maya.

 

El silencio que dejó el conflicto

En septiembre de 2010, los pronunciamientos periodísticos de Rodolfo empezaron a generar malestar en los grupos armados que rodeaban la zona. Dos semanas antes de su muerte, Rodolfo recibió una amenaza en la que, además, fue señalado como miembro de la guerrilla. “En las paredes de un colegio del municipio, aparecieron unos escritos en los que lo señalaban de ser cabecilla de la guerrilla. Había un número de teléfono y una recompensa de 20 millones. Él alcanzó a denunciar este hecho”, cuenta el hermano del periodista. 

A pesar de que esta amenaza fue puesta en conocimiento de las autoridades, con 36 años, Rodolfo fue asesinado el jueves 14 de octubre de 2010, en Caloto, Cauca. Alrededor de las 4:30 p.m., dos sicarios que iban en una moto lo abordaron en la puerta de su casa y silenciaron su voz. Hoy, once años después de su asesinato, la Fiscalía continúa en indagaciones por su homicidio, pero nadie ha sido responsabilizado por el crimen

En la FLIP, no olvidamos a los comunicadores indígenas que, como Rodolfo, han sido asesinados por denunciar la violación de derechos humanos en sus comunidades y hacemos un llamado a la Fiscalía para que su caso no quede en la impunidad.

Gracias por recordar con nosotros. 

Rodrigo Vélez Toscano recorría los municipios del Valle del Cauca en busca de historias, trabajaba como periodista y corresponsal del periódico El Caleño. Hoy, hace 33 años, fue asesinado por desconocidos que le dispararon en el municipio de Caicedonia, Valle del Cauca.

Rodrigo era un periodista que perseguía las noticias de orden público  del departamento. De acuerdo con los reportes de la FLIP, el periodista falleció el 1 de junio de 1988 a causa de los impactos de bala. En el hecho también murió el vendedor de chance, Albeiro de Jesús Quintero. 

Hasta la fecha, se desconocen los motivos que llevaron a los sujetos, que ocultaron las armas debajo de sus ruanas, a atentar contra la vida del periodista. En 2008 el proceso quedó archivado. La fallas en el proceso de investigación, llevaron a que no se recolectaran pruebas suficientes, lo que llevó a que el caso prescribiera ante la justicia colombiana sin que nadie fuera judicializado por el crimen. 

Nuestro equipo FLIP no ha podido contactar con colegas o personas cercanas a Rodrigo. Si usted lo conoció o tiene pistas de quiénes pudieron haber tratado con él, puede escribirnos a Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

En la FLIP no olvidamos a los periodistas que han sido asesinados en el país y cuyos casos quedaron sin resolver ante la justicia.

Viernes, 11 September 2020 09:06

Siete años de dolor: Edison Molina

El periodista Edison Molina trabajaba en la emisora Puerto Berrío Estéreo, donde asesoraba a la comunidad de Puerto Berrío, Antioquia en temas legales, pues también ejercía el derecho. Edison hacía fuertes denuncias contra la corrupción y lideraba la oposición al alcalde de hace siete años, Robinson Baena.

El 11 de septiembre del 2013, Edison fue asesinado en el mismo municipio. Hoy, queremos explicarles lo que ha pasado con su caso, pero sobre todo, recordarlo y honrar su trabajo.

El periodista, el abogado, el cocinero

Edison Molina dirigía el programa “Consultorio jurídico” de la emisora comunitaria de Puerto Berrío. Sus conocimientos en leyes fueron su principal herramienta para asesorar a la ciudadanía en asuntos jurídicos. Luz Marina de la Pava, su esposa, recuerda que Edison era una persona muy servicial: “le gustaba mucho enseñarle a la gente. No era egoísta con su conocimiento. Era muy luchador por los derechos fundamentales de las personas. A él le dolía mucho que la gente a veces no pudiera acceder a esas cosas tan básicas”.

Edison incentivó la defensa de los derechos de los ciudadanos. Con su trabajo ayudó a que las personas conocieran y accedieran a algunos instrumentos como la tutela. Luz Marina agrega que Edison también fomentaba el deporte entre los jóvenes del municipio.

Para Luz Marina es imposible separar al periodista del abogado y del esposo. Para ella él era tan buen comunicador como cocinero: “a Edison le encantaba cocinar”, dice, “ cocinaba delicioso y le gustaban mucho los asados”. La conexión que tenían los dos esposos era especial: “parecía que adivinaba lo que uno pensaba, lo que uno quería. Me hacía reír mucho por eso porque decía ‘¿es que usted cree que yo no sé lo que usted piensa? Yo sé lo que usted piensa’”, comenta Luz Marina con la voz entrecortada.

Edison trabajó por su comunidad. Su esposa y su amigo Leonardo Ortega lo recuerdan como una persona que siempre estuvo dispuesta a ser la voz que se levanta contra las injusticias.

Obstáculos en la búsqueda de justicia

Después de siete años, el homicidio contra Molina sigue en total impunidad. Su esposa ha participado activamente en la búsqueda de justicia, pero el dolor y la impotencia siguen siendo las palabras que mejor describen lo que siente. Sin embargo, afirma que no pierde la esperanza y que, aunque tienen incertidumbre, conserva la fe puesta en Dios. 

“Es que yo ya llevo siete años tirando de este carro y la verdad es que uno se siente a veces como cansado y agotado”, esto les dice Luz Marina a sus amigos con frecuencia y nos lo repite a nosotros. A pesar de los años de impunidad, ella no desfallece en la búsqueda de justicia.

Desde la FLIP, como representantes de las víctimas, hemos identificado algunos errores en la investigación, que han contribuido a que las investigaciones no progresen. Al comienzo, no se garantizó la independencia del fiscal a cargo, además, la investigación no se orientó a establecer que el homicidio tenía relación con la labor periodística. Por petición de la familia y de la FLIP, se trasladó la investigación a la Unidad Nacional de Fiscalías de Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario y se reconoció la labor periodística que desempeñaba Edison. 

Además, no hubo una recolección oportuna de las pruebas. Por ejemplo, hasta el año pasado se solicitó la sábana de llamadas de un número telefónico. La empresa operadora no pudo entregar este material ya que están obligados a guardar esta información por sólo cinco años. También, se han evidenciado prolongados periodos de inactividad en el proceso. Por ejemplo, de agosto a diciembre de 2019, la Fiscalía no adelantó actividades de investigación.

El Estado es responsable

En julio de 2018, el Juzgado Diecisiete Administrativo Oral del Circuito de Medellín declaró responsable a la Nación por el asesinato de Edison. Se logró demostrar que el Estado falló en su obligación de proteger la vida e integridad de Edison Molina. En la decisión se reconoció que él ejercía como periodista y que, como consecuencia de su labor y de su rol como líder de oposición, fue objeto de amenazas que no fueron atendidas oportunamente por el Estado. En ese sentido, las amenazas y el homicidio de Edison constituyen una grave violación a los derechos humanos.  

El juez declaró responsable a la Policía Nacional por no atender la solicitud de protección y a la Fiscalía General de la Nación porque a pesar de que pidió medidas preventivas a la Policía, desconoció el deber constitucional y legal de brindar protección a la víctima, teniendo en cuentas las amenazas que había recibido.

Aunque el caso de Edison en este momento se encuentra en completa impunidad, desde la FLIP queremos recordar la invaluable labor que ejerció como periodista. Hacemos un llamado para que su caso no quede en el olvido. Es deber de la Fiscalía investigar con celeridad para dar con los responsables y que sean llevados ante la justicia. 

#EnLaFLIPNoOlvidamos #NoMásImpunidad

 

 

Este 24 de abril de 2021 se cumplen treinta años del trágico asesinato del periodista Julio Daniel Chaparro y del reportero gráfico Jorge Enrique Torres. A pesar de que este homicidio fue declarado crimen de guerra, y no va a prescribir, los avances en materia de justicia han sido mínimos. 

En abril de 1991, Julio Daniel y Jorge Enrique, quienes trabajaban para El Espectador, se habían desplazado al municipio de Segovia, en Antioquia, para investigar la masacre paramilitar que había ocurrido tres años atrás y en la que más de 40 personas fueron asesinadas. Estaban construyendo una serie de crónicas llamada Lo que la violencia se llevó, en la que narraban cómo los municipios que habían sufrido masacres lograban renacer entre los escombros gracias a la voluntad de paz de sus habitantes. Mientras se encontraban en Segovia, el quinto municipio que visitaban, Julio Daniel y Jorge Enrique fueron asesinados. Según la investigación que adelanta la Fiscalía los hechos fueron ejecutados por guerrilleros del Ejército Nacional de Liberación (ELN). 

En 1994 la Fiscalía cerró la investigación en favor de Joaquín Julio Lezcano y Ramiro Alonso Madrid Lezcano, miembros del ELN y presuntos autores del crimen. Veinte años después del homicidio, la Fiscalía retomó la hipótesis de que los hermanos Lezcano sí eran autores del crimen. Sin embargo, no se podía iniciar la investigación penal pues los culpables ya habían fallecido. 

Solo hasta el 12 de marzo de 2020, la Fiscalía formuló acusación en contra Nicolás Rodríguez Bautista (alias “Gabino”), Israel Ramírez Pineda (alias “Pablo Beltrán”) y Eliécer Herlinto Chamorro (alias “Antonio García”), miembros del Comando Central del Ejército de Liberación Nacional (ELN), por el delito de homicidio agravado. 

El pasado 22 de abril, el Juzgado Promiscuo de Segovia anunció que asumirá el conocimiento del caso para la etapa de juicio contra los miembros del Comando Central del ELN. Desde la FLIP se espera que el juicio se desarrolle en el 2021. 

Uno de los puntos más preocupantes es que, a la fecha, la Fiscalía niega que el crimen contra Julio Daniel y Jorge Enrique haya tenido relación con su oficio periodístico. Es por ello que durante la investigación no se ha analizado el trabajo que desempeñaban, ni los riesgos propios de la actividad. Además, no se han desarrollado mayores investigaciones sobre la información que reposaba en la agenda de apuntes de Julio Daniel al momento de su muerte. De hecho, la Fiscalía se deshizo de la libreta y le negó a la familia la posibilidad de recuperarla. 

Por todo esto, en diciembre de 2011, la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) presentó el caso a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). No obstante, esta no ha avanzado en la etapa de admisibilidad, lo cual ha implicado que hasta el momento no se haya reconocido la responsabilidad del Estado colombiano ante el incumplimiento de obligaciones internacionales en materia de justicia y reparación en este caso.

En el marco de la conmemoración de los treinta años de este lamentable crimen y, luego de diez años de haber sometido el caso ante la CIDH, la SIP y la FLIP solicitaron una reunión de trabajo con la Comisión. El objetivo es que esta le permita a la CIDH, al Estado y a las víctimas avanzar en el trámite del caso, para que así se garantice el acceso a la justicia y la reparación de las familias Chaparro y Torres, así como a la sociedad colombiana en general.

La FLIP hace un llamado a la Fiscalía para que investigue diligentemente este homicidio.Que el crimen haya sido declarado como imprescriptible no significa que la justicia se deba seguir dilatando por años. La Fiscalía debe analizar el caso a partir de la actividad periodística de Julio Daniel y Jorge Enrique, explorando distintas hipótesis de investigación relacionadas con su oficio, en este sentido la Fiscalía debió adelantar una línea de investigación frente una posible celada en contra de los periodistas. Sin esto, las familias nunca podrán encontrar la verdad de lo que les sucedió a sus familiares. 

Lamentablemente, tres décadas después la violencia se sigue llevando la voz de los periodistas en Colombia. No sólo las condiciones de seguridad para la prensa no han mejorado, sino que tampoco lo ha hecho la justicia. En la FLIP queremos conmemorar el trabajo de Julio Daniel y de Jorge Enrique para que su voz no se apague.

A continuación, podrán encontrar una línea del tiempo que ilustra los hitos más importantes en la búsqueda de justicia de las familias de Julio Daniel y Jorge Enrique. Además, podrán escuchar una cápsula de audio en la que los hijos de Julio Daniel y Jorge Enrique los recuerdan como esposo, padres y periodistas. 

Adicionalmente, este año el Festival de Literatura de Bogotá rendirá homenaje a Julio Daniel, por su extenso trabajo literario, no sólo como periodista sino también como poeta. Les invitamos a asistir a los diferentes eventos programados, que pueden consultar aquí. También les invitamos a que se unan a la conversación sobre el trabajo de Julio Daniel y la impunidad en este caso, este sábado a las 3 pm.

Cápsula de audio

 

 

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