“No queremos periodistas que actúen como máquinas”
Por: Jenny Manrique*
Una red de periodistas y psicólogos estadounidenses viene trabajando desde hace más de diez años la relación entre periodismo y trauma: un binomio desatendido en Latinoamérica pero importantísimo a la hora de cubrir catástrofes, guerras y tratar con víctimas que han sido expuestas a eventos traumáticos. Frank Ochberg, psiquiatra, y Presidente Emérito del Comité Ejecutivo de Dart Center for Journalism & Trauma de la Universidad de Washington, habla sobre el tema en esta entrevista.
Pregunta: ¿Desde cuándo y por qué nace el interés de Dart Center, en ocuparse de una relación como la existente entre Periodismo y Trauma?
Frank Ochberg. M.D.: Los periodistas cubren hechos traumáticos: robos, violaciones, asesinatos, guerras, sin detenerse a pensar cómo entrevistar a personas que han sido afectadas por éstos. Siempre se ha dicho que éstas son noticias de interés público y de hecho el público merece que se las cuenten. Pero un periodista que recién deja las aulas y le piden ir a entrevistar a la madre de un niño asesinado o a una familia que acaba de pasar por una catástrofe, no sabe cómo acercarse, mientras sus lectores piensan que no tiene corazón.
Al contrario, es usual que se sienta sensible ante los hechos o a veces ni quiera cubrirlos, por eso es importante enseñarle cómo hacerlo responsablemente. Ayudar a personas traumatizadas es lo que doctores, psiquiatras y científicos hacemos, por eso lo que quiere Dart es, de una manera muy respetuosa, introducir a los periodistas en el campo de la ciencia del trauma. La forma como ustedes buscan las historias y las desarrollan es interesante y educativa para nosotros. La idea es avanzar en esta experiencia juntos. Lo estamos haciendo en todo el mundo. Empezamos en Estados Unidos, pero ya existe Dart Center Europa y Dart Center Australia; aún no tenemos en Sur América pero hay un gran interés en ayudar a periodistas latinoamericanos porque sabemos las difíciles condiciones que atraviesan.
P: En el trabajo que ustedes han realizado, tocan dos temas importantes sobre el cubrimiento de hechos violentos. Uno es el efecto que causa en los lectores estas publicaciones y otro en los periodistas. ¿Podría hablarme de las diferencias sustanciales que han encontrado?
F.O: En lectores y consumidores hay diferentes efectos. Una historia dramática paradójicamente puede ser entretenida y placentera porque esa es una respuesta biológica del ser humano. La gente quiere ver historias crudas, puede ser. Pero una madre que lee una historia sobre violencia contra niños se siente mal. Hay algo en cada uno que nos hace huir o acercarnos a esta violencia enferma, pero al final las imágenes permanecen en la mente. Es lo que yo llamo el Primer Acto de la noticias. Una historia traumática que por el sólo hecho de serlo despierta el interés: sabemos que es horrible pero no podemos dejar de verla. Lo que queremos enseñarle a los periodistas es cómo hacer algo constructivo con ella, mostrar a una persona que sufre pero que crece con el sufrimiento y se hace más fuerte, y por otro lado, cómo él tiene derecho a sentirse triste por el hecho y no ser tildado de cobarde.
Parte de mi trabajo es ayudar a los periodistas a que piensen como doctores, a veces tienes que decirle a un pariente que su hijo tiene una enfermedad incurable, no se le puede esconder, hay que ser realista pero siempre pensando en cómo hay un crecimiento tras de ello. La vida requiere malas noticias y el impacto depende de la forma como te las cuenten.
P: ¿Cómo pueden los medios colaborar con ese proceso de resiliencia? ¿Cómo escribir sobre eventos traumáticos puede contribuir a mantener la esperanza en una sociedad, por ejemplo, golpeada por la guerra?
F.O.: Yo creo que podemos dar esperanza cuando sabemos un poco más acerca de los tiempos que la gente necesita para recuperarse. No creo que debamos dar falsas esperanzas ni andar buscando siempre el lado más brillante de las cosas. Pero voy a dar un ejemplo: yo hice un ejercicio en una clase que dictaba en la Universidad de Georgia, donde debían entrevistar al padre de un chico que acababa de salir herido tras una explosión en su escuela. Todos le indagaron sobre cómo se sentía acerca del colegio y el padre se mostraba enfadado por su irresponsabilidad, etc. Pero un chico le preguntó qué iba a hacer ahora para ayudar a la recuperación de su hijo… A veces no es suficiente buscar reacciones sino acciones. Creo que eso hace útil una noticia. Un periodista puede encontrar algo inspirador y esperanzador pero si no lo preguntas, no lo encuentras.
P: En Latinoamérica los periodistas no tenemos acceso a esta clase de entrenamientos o terapias, a pesar de estar altamente expuestos a hechos traumáticos e incluso amenazas como sucede en Colombia, por la guerra. ¿Cómo puede Dart Center contribuir en esta materia aquí en la región?
F.O.: Bueno nosotros queremos traer más becarios de Latinoamérica. Ya dimos un primer paso este año con tu presencia y Colombia debe ser sin duda uno de nuestros focos de trabajo. Allí tenemos a Martha Chinchilla, la única psiquiatra latinoamericana que está trabajando con periodistas amenazados de forma intensa, inspirada en nuestro trabajo, pero queremos y necesitamos que la red crezca. Que sea un tema que preocupe a una masa critica de la sociedad.
P: ¿Por qué cree que esta psicóloga es la única que le esta poniendo el pecho al asunto en Latinoamérica?. ¿Es desconocimiento del tema, es desinterés por la salud mental del periodista?
F.O: No sé si sea desconocimiento, creo que es una idea que para penetrar en la sociedad, en nuestro caso costó 20 años de trabajo. Aparecieron los psiquiatras en cuerpos policiales y ahora ellos le prestan atención a sus propias dificultades emocionales y cómo tratar, por ejemplo, a mujeres violadas que merecen todo el respeto en las entrevistas. Igual sucedió con los militares. Ellos aún tienen mucho que aprender pero no sólo respecto a cuidarse a sí mismos pues están muy expuestos al trauma, sino a cómo actuar cuando tengan una misión de paz y deban promover otros valores diferentes a las balas. Los periodistas están cerca de estas profesiones pero una de las razones que frena la ayuda, es que ellos piensan que no la necesitan; creen que son los otros (policías, militares) quienes tienen un trabajo peligroso. Pero ser periodista lo es. Especialmente en Colombia donde son objetivo militar. Algunos periodistas, especialmente los de la vieja guardia donde prima el machismo, miran por encima del hombro mi profesión. Creen que los psiquiatras sobran o son para las mujeres y los niños, pero muchos de ellos sufren depresiones. Estadísticamente más hombres se suicidan que mujeres y más hombres caen en adicciones como el alcohol.
P: Hablando del tema del género, ¿encuentra mayor sensibilidad en las mujeres periodistas para acercarse a estas temáticas de trauma?
F.O.: Tengo un inmenso respeto por las mujeres periodistas, y esto no quiere decir que todas ellas sean buenas y todos los hombres malos. Creo que hay una evidencia biológica, social y psicológica, de que ustedes resuelven los conflictos más rápido y son más racionales mientras los hombres son más territoriales y combativos. Además para ellos es menos confortable expresar y describir sentimientos. Son más competitivos que colaboradores y como siempre han tenido la posición de poder, incluso como periodistas, a veces hacen la entrevista más difícil. Yo trabajo con víctimas, y muchas de ellas han padecido lo que se llama el segundo ‘round’, que es cuando alguien trata con una persona que ya está emocionalmente afectada de una manera insensible, y le hace más daño. Es cuando se critica o estupidiza a las víctimas con actitudes como decir que una mujer violada tiene la culpa de haber sido atacada por usar ropa ajustada… No significa que una mujer lo vaya a hacer necesariamente mejor, pero su presencia en las salas de prensa sin duda ha cambiado el estilo de la información, aun cuando muchos editores creen que está mal preocuparse por una madre que perdió a su hijo. Sin duda tú tienes que preocuparte, no queremos periodistas que sean máquinas.
P: ¿Por qué los periodistas colombianos que cubren la guerra están más expuestos a sufrir el Desorden de Estrés Postraumático (PTSD por sus siglas en inglés)?
F.O.: El PTSD es una condición médica que sucede cuando el dolor no es simplemente un poco más de ansiedad. Cuando una persona la padece, el cerebro no funciona bien, la memoria es selectiva. La primera seña es tener recuerdos traumáticos que en un instante regresan, flashbacks. No sólo en la noche en forma de pesadilla, sino en el día, es desconcertante y a veces la gente cree que se va a enloquecer. Puede ser peligroso por ejemplo en los militares que aún tienen un arma y creen que necesitan disparar a alguien. La segunda parte del PTSD es sentir que la vida se acabó, se evaden las fuentes de placer que la persona solía tener, se deprime, no siente diversión, amor ni esperanza como solía ser antes. La última parte es estar muy nervioso, no poder dormir ni concentrarse; evadir siempre el peligro. Esos tres problemas juntos provocan el PTSD. Los periodistas que hemos entrenado saben que si una persona que están entrevistando presenta estas condiciones, deben manejarlo y poder explicarle que no son esquizofrénicos ni tienen Alzheimer. Pero también un periodista puede tenerlo, ustedes se ven afectados por una guerra que cubren. Pueden traumatizarse y algunos terminan en alcoholismo o abuso de drogas, y las relaciones personales se deterioran.
P: ¿Qué pueden hacer las salas de redacción para evitarlo?
F.O.: Primero informarse sobre el tema. Muchos editores lo ignoran y por eso no lo atienden. Deben estar en la capacidad de explicarles que está bien sentir emociones sobre lo que se cubre, darles un tiempo, ayuda psicológica, cambiarles de fuente. Pero no pueden castigar a la persona ni irrespetarla.
P: ¿Qué tipo de atención debe recibir un periodista que ha sufrido amenazas?
F.O.: Sé que la situación en Colombia es extrema y los periodistas que sufren amenazas deben primero buscar su seguridad física. Algunas veces la de su familia. O eres un jefe protector o puedes ser tratado como un criminal si no tienes en cuenta el verdadero riesgo de tu empleado. Lo otro es contratar profesionales de seguridad que evalúen la severidad y riesgo de la amenaza y las salidas posibles. Los periodistas deben fortalecerse en sus gremios. Y por supuesto las cosas básicas para un ser humano: escucharle, creerle, asegurarse de su salud mental, entrenarlos con cursos sobre el manejo de la ansiedad y cómo desenvolverse en zonas de riesgo. Dejarles que se tomen su tiempo, cambiar la cobertura, pero no dejarlos sin trabajo. Los periodistas a pesar de la presión y el peligro, siempre necesitan seguir escribiendo.
P: Hablando de los periodistas que cubren fuentes militares y que desarrollan a veces incluso una especie de fascinación por la guerra o por el rol que ellos cumplen, ¿cómo debería ser este cubrimiento?
F.O.: Lo que describes tiene diferentes formas de explicarse. Nosotros lo llamamos “disonancia cognoscitiva”. Si estás rodeado constantemente de gente que piensa de una manera, es muy difícil mantenerse independiente. Tarde o temprano, sin darse cuenta se empiezan a adoptar su lenguaje y estilo, particularmente los periodistas que cubren fuentes militares a quienes consultan a diario, los acompañan a misiones en las que dependen de ellos, a veces pierden la perspectiva. Es difícil estar tan cerca, conocer y aprender sus sentimientos, entenderlos y luego escribir y separarse, sin convertirse en uno de ellos. El tema de la objetividad se pone en discusión porque es una característica muy humana actuar como alguien con quien se comparte mucho. La manera de evitarlo es rotar a los periodistas, estar en contacto con otros colegas y aceptar su retroalimentación es una buena herramienta para evaluar el trabajo que se está haciendo. He escuchado a policías hablarme de psicólogos y psiquiatras en quienes no confían porque quieren parecerse a los policías. Bromean sobre el hecho de que incluso hacen prácticas de tiro, lo que en algunos casos puede que un periodista necesite hacer por seguridad, pero que yo nunca veré como buena idea. Creo que hay que hacer todo lo posible por hacer el trabajo conservando la identidad de periodista. Eso lo hará mucho mejor.
* Periodista colombiana free lance. Primera latinoamericana becada con la ‘Ochberg Fellow’ por la organización Dart Center (www.dartcenter.org) para recibir entrenamiento en el tema de periodismo y trauma. Esta beca se viene entregando desde hace nueve años. Actualmente Manrique se encuentra exiliada.
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